La educación del diálogo, en el diálogo y para el diálogo, que es básica para la convivencia democrática, no se practica en nuestro país, salvo en el nivel inicial, el jardín de infantes. Luego se va amorteciendo hasta desaparecer en la universidad. Y, como se sabe, la educación es dialógica o no lo es; es socrática y mayéutica, para avanzar más, o no lo es. El argentino cada vez está menos habilitado para dialogar y denuncia en sus expresiones esta discapacidad a través de varios rasgos lingüísticos. Señalo algunos:
A.- Va perdiendo las formas de la cortesía verbal que son el reaseguro del diálogo y del intercambio conversacional. Cada vez es más agresivo con el interlocutor. Hemos perdido la ironía, que era un rasgo identitario argentino, y que revela inteligencia, y pasamos a la grosería y el desentono. Y lo que es más grave, a la violencia verbal, puerta de otras violencias. Esto va saltando en boca de un político, de  un gremialista o de un lamentable director deportivo.
B.- Responde a otro comenzando siempre con un "No", para después mostrar que coincide en todo con él. Ese "no" no es funcional para acercar posiciones, las distancia. Es una forma falsa de afirmarse frente al otro. Repare usted esto en las entrevistas televisivas o radiales.
C. El argentino dice, después de explicar cualquier obviedad. "¿Entendés?", peor "¿Captás lo que te digo?", "¿Me seguís?". Estas expresiones echan sobre el interlocutor toda la responsabilidad de la no comprensión, al tiempo que revelan un grado de subestimación del otro. Debió decir: "¿Soy claro?", "¿Me explico bien?".
Basten estos botones de muestra para denunciar cómo se tiende al monólogo y no se busca tender puentes dialogísticos. Nada digamos de la superposición de discursos que generan un matete auditivo en el escucha de radio o tevé. Ni los conductores están habilitados para facilitar el diálogo. Confunden un buen recurso de venta del programa que es el de generar polémica con dejar hablar a todos simultáneamente. Nelson Castro pone límites y conduce el diálogo. En cambio, "A dos voces" está mal titulado, debería ser: "A todas las voces juntas". Mal andamos si desde la altura de los dirigentes, de Presidente hacia abajo, no dan modelo de diálogo a los jóvenes. Todo un período presidencial sin conferencias de prensa lo dice todo respecto de la actitud de la que se parte. O bien, la conferencia de prensa sin repreguntas, que son el señalamiento de que no ha habido respuesta valedera. La discapacidad dialógica creciente es obstáculo seguro para el trabajo en equipo, para la concurrencia de esfuerzos, para la fundación de consensos en todos los planos.

(Entrevista publicada el 14 de marzo)